Respirar parece tan sencillo. Llenas tus pulmones, y luego expulsas todo fuera, y vuelta a empezar. Todo el mundo parece saber hacerlo, por lo que uno tiende a pensar que lo realmente extraordinario sería no respirar, y aún así seguir viviendo, cual organismo anaeróbico.
Cada día, millones de personas en el mundo se levantan con el objetivo de no respirar. “A ver cuánto aguanto hoy”, se dicen. Y así transcurre su jornada, haciendo todo lo posible por no respirar, y aún así, no morir del todo. Así que, trabajan, trabajan y trabajan con el cuello bien agarrotado; corren, corren y corren con el ordenador, la compra, los niños, o cualquier otro objeto pesado encima; se ahogan subiendo las escaleras; se meten en el coche y se atragantan con un poco de humo; o bien se aprietan la corbata o se abrochan la camisa hasta el último botón. Un reto universal que cada día tiene más adeptos.
Pocos lo han conseguido, porque requiere un gran sacrificio y hay que estar muy bien dotado y entrenado para poder (sobre)vivir sin respirar. Muchos se rinden, y se entregan a un mundo en el que las corbatas se aflojan, la gente se estira de vez en cuando en el trabajo cuando nadie mira, en las oficinas se cuentan chistes, en los parques se corre a pleno pulmón, se camina despacio, y a veces, uno, sin más, respirar por respirar.
Pero qué le vamos a hacer si el mundo está lleno de cobardes empeñados en seguir siendo aeróbicos.
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11.07.2010
5.17.2009
Elvir y su narrativa
- ¿Ventanilla o pasillo?
Y entonces comienza su plan:
- Pasillo
Ya en las escalerillas que le suben a la nave, rodeado de cuerpos que se empujan y aplastan como si no tuviesen un asiento asignado, Elvir no puede parar de sonreír. Mira a su alrededor y se pregunta si se leerá en su cara todo lo que está pensando, si se leerán su pasado y sus planes para el futuro. Porque hoy es un día importante para Elvir. Tras 27 años de vida lógica y rutinaria y responsable ha tomado una decisión que promete convertir su vida en una aventura excitante a cada minuto.
“Los días pasan uno tras uno y sé siempre lo que va a pasar. Mi vida es la película más aburrida del mundo”, le explicaba a su hermana hace un par de días.
Ahora Elvir ha decidido convertirse en un personaje de cuento y buscar conflictos y clímax en su narrativa. “No quiero que mis nietos se aburran cuando les cuente mis batallitas”, había escrito en su blog. ¿Cómo forzar el cambio? El primer paso es contestar siempre lo contrario a lo que tenía pensado decir.
Por primera vez ahora, se sienta en el diminuto asiento del pasillo descubriendo que por lo menos puede estirar las piernas hacia un lado. Cuando la azafata le pregunta si las puede encoger un momento para dejarla pasar, Elvir siente que las luces de la sala se apagan y casi puede escuchar la música que acompaña a su primer conflicto y la respiración contenida del niño que en quinta fila agarra el cartón de palomitas con fuerza.
- No -dice. Y estira las piernas un poco más y sonríe expectante. Ya siente cómo su narración se acerca a un primer clímax.
Y entonces comienza su plan:
- Pasillo
Ya en las escalerillas que le suben a la nave, rodeado de cuerpos que se empujan y aplastan como si no tuviesen un asiento asignado, Elvir no puede parar de sonreír. Mira a su alrededor y se pregunta si se leerá en su cara todo lo que está pensando, si se leerán su pasado y sus planes para el futuro. Porque hoy es un día importante para Elvir. Tras 27 años de vida lógica y rutinaria y responsable ha tomado una decisión que promete convertir su vida en una aventura excitante a cada minuto.
“Los días pasan uno tras uno y sé siempre lo que va a pasar. Mi vida es la película más aburrida del mundo”, le explicaba a su hermana hace un par de días.
Ahora Elvir ha decidido convertirse en un personaje de cuento y buscar conflictos y clímax en su narrativa. “No quiero que mis nietos se aburran cuando les cuente mis batallitas”, había escrito en su blog. ¿Cómo forzar el cambio? El primer paso es contestar siempre lo contrario a lo que tenía pensado decir.
Por primera vez ahora, se sienta en el diminuto asiento del pasillo descubriendo que por lo menos puede estirar las piernas hacia un lado. Cuando la azafata le pregunta si las puede encoger un momento para dejarla pasar, Elvir siente que las luces de la sala se apagan y casi puede escuchar la música que acompaña a su primer conflicto y la respiración contenida del niño que en quinta fila agarra el cartón de palomitas con fuerza.
- No -dice. Y estira las piernas un poco más y sonríe expectante. Ya siente cómo su narración se acerca a un primer clímax.
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