2.20.2011
Boca abajo
Cuidado con la mesa, indica.
Lo que significa que tenga cuidado para no darte con la mesa, y no que tenga cuidado para no dar a la mesa. Mamá no solo no se sube jamás a la montaña rusa con nosotras, si no que además, no es capaz de mirar cuando nosotras estamos arriba.
Quiero decir que se está poniendo muy nerviosa.
Así que papá se deja caer en el sillón y amarrándote todavía fuerte de los tobillos, comienza a pasar los dedos por la planta de tu pie descalzo. Tú gritas y te ríes, y pides auxilio, mientras tu cabeza se pone roja como un tomate.
Yo recuerdo una noticia que vi en la tele. Un chico ató a su tía a la cama de pies y manos, y con una pluma suave, le cosquilleó la piel hasta que murió de un ataque al corazón. No parece una muerte muy dulce.
Socorro, aúllas, salvadme. Te agitas como una culebra.
Papá está exhausto, así que te libera, te da una palmada en la pierna y te indica que puedes irte.
Decepcionada, ordenas: ¡Hazlo otra vez!
1.03.2010
Un mismo útero
Yo no juego a eso porque no sé. Si mis ojos se cubren de lágrimas, esas lágrimas salen disparadas sin poder parar. Y respiro de forma agitada y mi pulso se acelera y noto que estoy tan rojo y tan feo y quiero parar pero no puedo. Por eso nunca consigo nada. Por eso no puedo ir a ese maldito cumpleaños cuyo permiso habrías conseguido tú sin pestañear.
Iríamos juntos, pero no funciona así. Te mueres por ir, lo sé porque leí que se lo contabas a tu amiga en un email. Tengo tu contraseña, aunque tú ni lo sospeches. Sé que te encantaría ir, pero tendrías que ir conmigo y eso no lo soportarías. Le dices en broma otra vez eso de que ya estuvimos nueve meses metidos en un mismo útero, que ha sido suficiente. Ella se reirá al leerlo. Todos lo hacen.
Ahora estamos los dos mirando por la ventana. Tú piensas en todo lo que contarán en el colegio mañana. Yo pienso en que, al menos, ella no está contigo. Y deseo con todas mis fuerzas que conozca a algún otro niño y mañana ya no te dirija la palabra. Tu corazón se partiría en mil pedazos y yo me reiría aunque mi corazón estuviese en el mismo estado. Sentirías por fin lo que yo siento. Seríamos más gemelos, ahogados otra vez en un mismo útero.
8.20.2008
El oso de peluche está escondido
Antojo de algo prohibido (cómo no), volver a ese momento (delicioso) en el que el Demonio tienta mis siete años de impresionable colegiala. Ver el envoltorio en el suelo, machacado, recogerlo sin que nadie se de cuenta, abrirlo despacito, meter el caramelo espachurrado en mi boca, sentir todo ese sabor estrambótico apoderándose de mí. Antojo de aquel caramelo, de aquel y de ninguno más. Antojo de volver al principio, a los errores originales, desandar paso a paso el camino que me ha llevado hasta demasiado lejos.
He recorrido mundo. Simulo reírme con vosotros, estancados, petrificados, mientras pienso en otros asuntos, siempre más importantes. Trato de explicaros que no quiero, que no puedo volver a casa. El universo es vasto y debo explorarlo todo. No espero que me entendáis.
Después, de noche, sueño con colarme en aquella casa. Meterme bajo la cama, abrir la caja, soplar el polvo, sacar el oso de peluche, y abrazarlo para siempre. No necesito más. Soy la misma niña que se asegura bien, mirando de reojo, de que nadie le vea tragarse el caramelo.