4.01.2006

De la bondad humana y la perversión de las sociedades

Valiente como tu hermano, que sale a la calle sin paraguas, que nunca cierra con llave, que se baña con bandera roja. Y tú siempre tan prudente, cerrando el gas y agarrando el bolso, mirando de reojo desconfiada. Quedáis siempre en el mismo sitio, donde él pide un café solo doble y tú un cola-cao. Él te pregunta cuándo crecerás y tú le adviertes de las propiedades nocivas de la cafeína. Se ríe mientras saca la cartera para pagar, pero no paga, se va al baño y deja el dinero sobre la barra, y tú tiemblas desde la mesa y vigilas, te vuelves espía o policía de incógnito. Él vuelve y se da cuenta, dice ups y bromea con el camarero, y tú te preguntas cómo aún sigue vivo.

Al salir habláis siempre de lo mismo, de ti y de mí, de mí y de ti, de que no sabes cómo puedes ser tan imprudente, y de que mamá no te educó para desconfiar de todo el mundo. Él habla de la bondad de la gente y tú de la perversión de las sociedades. Y le recomiendas tres libros y él te recomienda respirar, y entonces pasa un coche que él no ve pero tú sí, cuidado, ups. Inconsciente.

Entonces llegáis al parque y él quiere dar de comer a los patos, pero tú le hablas del ecosistema. Tu hermano te mira mientras sigues hablando, y tú ya sabes qué va a pasar, sabes que empezará con la maldita anécdota infantil que sólo tú pareces querer enterrar. Sabe que te enfadarás, que te darás la vuelta y volverás a casa sin decirle adiós, sin quedar para otro día en otro sitio, pero no hará nada para impedirlo.

Por eso volvéis al cabo de unos días al lugar de siempre, donde él pide su café doble y tú hoy un zumo de naranja, por cambiar algo, dices. Finges seguir enfadada y él finge no darse cuenta, y ves que mira por la ventana, que llueve y que él no tiene paraguas. Que tiene el pelo empapado y que se acaba de perder en el cristal. Te pregunta por mamá y por papá también, y tú cuentas las últimas anécdotas sin importancia y él se ríe pero está triste, tú sabes que está triste.

Esta vez no vais al parque porque tú tienes cosas que hacer, pero le dejas tu paraguas. Sales decidida a la calle detrás de él justo a tiempo para ver cómo lo deja en una papelera. Piensas en cogerlo, pero hoy no. Hoy quieres probar la lluvia.

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